La fiebre tifoidea es una enfermedad de distribución mundial que afecta principalmente a comunidades con infraestructuras sanitarias deficientes y con malos hábitos higiénicos.
La enfermedad es producida por la Salmonella typhi, y se propaga por la vía digestiva a través de agua y alimentos contaminados con las heces u orina de enfermos o portadores. Es una enfermedad infecciosa sistémica, caracterizada por fiebre, postración, dolor abdominal y erupción rosada de la piel.
Se transmite a través de la comida contaminada por los portadores sanos durante su preparación, aunque las moscas también pueden propagar la bacteria desde las heces al alimento.
El padecimiento de la infección, clínicamente manifiesta o no, o la inmunización activa confiere inmunidad específica relativa, insuficiente para proteger contra la ingestión de un alto número de microorganismos. se pueden dar recidivas, que pueden ser de menor intensidad. Síntomas clínicos.
El período de incubación (sin síntomas) es de 1 a 2 semanas, tras las que aparecen de forma gradual fiebre, dolor de cabeza y articulaciones, estreñimiento, dolor abdominal y falta de apetito.
En algunos casos puede no presentarse claramente la fiebre. La fiebre se mantiene alta (39-40º C) durante otras 1 ó 2 semanas, y en 1 de cada 10 pacientes aparecen brotes de manchas rosadas en el tronco (roséola).
Durante la infección aguda, el germen se propaga por todo el organismo, siendo los sitios secundarios de infección más comunes el hígado, bazo y médula ósea. Pueden llegara a colonizar permanentemente la vesícula biliar, quedándose acantonados en ella y convirtiéndose en portadores crónicos.
Finalmente, al evolucionar las lesiones en el intestino, aparece diarrea abundante con sangre.
Al recuperarse no es raro que persistan algunos síntomas inespecíficos ya que la convalecencia puede durar meses.
Una vez superada la fase aguda de la enfermedad, aproximadamente un 3% de las personas que la sufren quedan en situación de portador crónico.
Los portadores crónicos eliminan de forma persistente más de un millón de bacilos por cada gramo de heces.
Es más frecuente el estado de portador crónico en ancianos o en personas con enfermedades de la vía y vesícula biliar, en especial colelitiasis (cálculos biliares).
El tratamiento para la erradicación de Salmonella typhi en portadores crónicos puede resumirse en dos grupos de medidas:
1.-Tratamiento antibiótico: los portadores crónicos de Salmonella deben recibir tratamiento antibiótico.
Los antibióticos más recomendables son el ciprofloxacino (500 mg cada 12 horas durante 4 semanas) o el ofloxacino (200 mg cada 12 horas durante 4 semanas).
Como alternativa se pueden emplear el trimetroprim-sulfametoxazol (160/800 mg cada 12 horas durante 6 semanas) o amoxicilina (100 mg al día durante 6 semanas).
Antes de iniciar ningún tratamiento antibiótico hay que confirmar el diagnóstico de portador crónico de Salmonella mediante la realización de coprocultivos y el tratamiento debe ser siempre realizado bajo control médico.
2.-Corrección de factores que favorecen el estado de portador crónico:
2.a.-En caso de portadores crónicos digestivos el factor más frecuentemente encontrado son los cálculos biliares, de forma que Salmonella typhi se concentra en la vesícula biliar y hay que recurrir a su extirpación (éste parece ser el caso de su padre).
La presencia de parásitos intestinales o de otras malformaciones o defectos anatómicos intestinales pueden ser, menos frecuentemente, la causa de que Salmonella queda acantonado, por lo que hay que estudiar la existencia o no de alguno de estos predisponentes.
2.b.-En ocasiones los portadores crónicos eliminan Salmonella typhi en la orina; en estos casos, suele encontrase nefrolitiasis (piedras en el riñón) como factor favorecedor para la infección.
Más raramente la Salmonella puede acantonarse en la vejiga urinaria si existe infección por un parásito vesical llamado Schistosoma, aunque esto es infrecuente.
A pesar de todo, hay algunos pacientes en los que, a pesar de haber solucionado los problemas anatómicos predisponentes (por ejemplo, quitar la vesícula si hay cálculos biliares) y haber dado una pauta correcta de antibióticos durante 4 semanas (más eficaces ciprofloxacino u ofloxacino), persiste la infección crónica por Salmonella typhi.
En estos casos las herramientas terapéuticas que nos quedan consisten en pautas prolongadas de tratamiento antibiótico, aunque no existe evidencia clara sobre la duración más recomendable (hablamos de meses) o sobre los beneficios de combinar antibióticos diferentes (poliantibioterapia).
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