El periodo de adaptación al colegio varía mucho de un niño a otro, sobre todo dependiendo de sus experiencias previas; no es lo mismo los niños que han acudido regularmente a guarderías antes de ir al colegio, ya que tienen cierto grado de socialización, que los que han pasado todo el tiempo previo en casa.
Tampoco en este caso es lo mismo haber estado con una cuidadora mientras los padres trabajaban, que el niño que ha estado el 100 % del tiempo con su madre en el hogar.
En ciertos casos, la separación se vive de forma traumática, y es por ello, que en algunos colegios la primera semana los niños están acompañados en clase por uno de sus progenitores para hacer este proceso menos traumático.
Otras veces, los mismos padres no contribuyen a que este proceso sea más corto, ya que el sentimiento de pena ante la separación se percibe fácilmente por los niños, y esto aumenta el problema al creer que con sus lloros y protestas conseguirán no ir al colegio.
En muchas ocasiones, los padres vacilan al despedirse, y esto debe corregirse; la despedida debe ser breve, y sin demostrar en absoluto pena.
También influye la edad del niño, ya que los menores de dos años no suelen ser conscientes de esta separación. Por tanto, en este caso, los lloros son normales, y aunque suelen durar dos o tres días, hay niños que los mantienen durante semanas. Los padres no deben darle importancia ni preocuparse, ya que los niños notarían inmediatamente esta preocupación y acentuaría el cuadro.
La postura correcta sería, sobre todo, tener paciencia, y comentarlo de forma natural, haciéndole ver que saben que lo está pasando mal y que la comprenden, pero que con el paso de los días mejorará, ya que es un lugar bueno para ella y que debe acudir.
Se les debe dejar claro que no es posible otra opción, y que deben probarla con tranquilidad.
También se debe recalcar que siempre se les va a ir a buscar, y que de ninguna manera se quedarán solos a la salida.
Es muy importante ser puntual a la hora de la recogida para que un retraso no genere más estrés en los niños.
A la vuelta del colegio, se debe repasar lo que ha hecho en ese día, ensalzando las situaciones potencialmente divertidas para ellos, e indicarles que no las disfrutan al llorar, y que se están perdiendo la ocasión de divertirse con sus compañeros.
Si pasan los días y el problema continua, se debe comentarlo con los responsables de la escuela para planificar acciones conjuntas.
Si se observa que el niño, en lugar de llorar y protestar (que es la actitud normal esperada hasta que se adapte), está retraído cuando llega a casa (indicativo de que le está afectando más, sobre todo si ya ha pasado más de una semana desde que empezó a quedarse en el colegio), se debe comentarlo con su Pediatra, y valorar ayuda especializada por un Psicólogo infantil.
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